Historia del proyecto
De una parcela agotada en la Cuenca de Pamplona a un método de descanso activo
Sleep Your Face Off no nació de un plan de negocio, sino de una finca concreta al sur de Navarra que llevaba demasiados años con el mismo cereal. Lo que empezó como una prueba para no dejar el suelo desnudo entre campañas se convirtió en una forma de trabajar que hoy aplicamos parcela a parcela.
2019: el primer barbecho que no se dejó vacío
La decisión inicial fue sencilla y algo incómoda: renunciar a una cosecha para sembrar una mezcla de veza y centeno sobre un rastrojo de trigo duro. El suelo estaba compactado a unos veinte centímetros y infiltraba mal. Aquel invierno llovió de forma irregular y la nascencia fue despareja, pero al abrir una calicata en primavera aparecieron galerías de lombriz donde antes solo había terrones duros. Ese contraste fue el argumento que nos convenció de seguir.
2021: compost propio y control de madurez
Dejamos de comprar materia orgánica sin saber qué estábamos aplicando. Montamos dos pilas de volteo junto al cobertizo y empezamos a medir temperatura y olor antes de llevar nada al campo. Aprendimos por las malas que un compost joven aplicado justo antes de una siembra exigente en nitrógeno inmoviliza más de lo que aporta. Desde entonces separamos lotes por grado de madurez y ajustamos el calendario de aplicación a la rotación, no a la comodidad del tractor.
2022: rotaciones diseñadas para el invierno
El monocultivo de cereal había dejado suelos con poca estructura y actividad microbiana baja en los meses fríos. Reordenamos las secuencias alternando cereales de invierno, leguminosas y barbechos vivos para que siempre hubiera raíces activas. No fue un cambio de una temporada: hubo parcelas que tardaron dos ciclos en responder. En las que funcionó, la descomposición de residuos se aceleró y los agregados se mantuvieron estables tras las lluvias de otoño.
2024: bioinsumos y microorganismos de la propia finca
Empezamos a multiplicar microorganismos a partir de material del propio suelo y de zonas de monte cercanas, en lugar de depender solo de productos externos. La idea era mantener la actividad biológica durante todo el año, también cuando el cultivo principal está parado. Los resultados no son espectaculares ni inmediatos: se notan en la porosidad, en el color del suelo y en cómo responde tras un verano seco. Es un trabajo lento y poco fotogénico, pero es el que sostiene el resto.
Hoy: un método abierto, no una receta cerrada
Trabajamos con dos personas a tiempo completo y colaboramos con agricultores de la comarca que quieren probar cubiertas o compost en parcelas pequeñas antes de comprometerse. No vendemos un paquete cerrado: compartimos lo que funciona y lo que no, incluidos los errores de calendario y las siembras que se perdieron. Si quieres ver cómo aplicamos esto en tu caso, escríbenos y lo miramos sobre el terreno.